Lo que sentimos viene condicionado por lo que pensamos, lo que pensamos por lo que percibimos. La percepción es la antesala de lo que sentimos y pensamos.
Nuestra estructura mental descansa en una parte genética, en otra parte educacional, y en una tercera parte experiencial.
La parte genética es difícilmente cambiable; la parte educacional puede ser reeducada; la experiencia futura puede experimentarse de distinta forma.
En cualquiera de los casos, en mayor o menor medida, siempre quedará un poso de todo ello en nuestro subconsciente, que nos acompañará de por vida.